Te he visto sentado
en las entrañas del bosque velado
donde nacen las iridiscencias
y descansan las mutilaciones imperecederas
donde se desintegran los muros que ocultan el pasado
y convergen las fronteras
que conectan las esencias
Te cubriste en tu capucha
para resguardarte de la furia
del desvastador hallazgo
del infante que no había podido ser liberado
porque su fuego interno no había sido sellado
Y te sentiste frustrado
por la forma en la que lo habías encontrado
Cuando me acerqué ofreciste tu cara a la luz del claro
y vi tus lágrimas cual hilos de cera y agua de sal
que corrían porque tenían la necesidad de sedimentar
lo poco que había quedado del alma que fuiste a buscar
Me dijiste que era muy difícil restaurar
el fragmento escindido de un alma fugaz
Y me miraste sosteniendo en tu mano
un cristal blanco
que oscilaste ante mis ojos
diciendo que así es como nace el corazón humano
Y me contaste que al principio
no había barro ni sangre ni espanto
sino una incandescente luz intensa
que necesitaba que se protegiera
para que la conexión con la divinidad
no se desvaneciera
y la importancia del ritual
para que no se desgaste lo inmortal
Y me dijiste que es mentira
todo lo que sabemos del bautismo y las espinas
porque se trata de consagrar el cuerpo mortal
para despojarlo de toda orfandad
conectando a los antepasados con la posteridad
para forjar toda luz y toda verdad
y todo encuentro con la Voluntad
sin que se desgarre jamás
su propia integridad
La Cueva Del Semieterno by Marina Castagnino is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
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