Así nació el borrador...
Y así quedó
No fuimos escoria
fuimos diseñados para ser hijos idiotas
Pero nos fuimos recreando para despistar avalanchas de pasado
que siempre nos atraviesan entre el susto y el asco
Y crecimos sobornados
por el senil encanto de creernos soberanos
Siglos empeñados en hacer visible lo invisible
cuando siempre pretendimos lo contrario
Pero no existimos sin transformar sábanas en cuchillos
porque necesitamos ser heridos para capitalizar euforias y alivios
Y volver libres y desprotegidos de la cueva de los miedos vencidos
oliendo a sangre seca y siglos de abstinencia
¡Y cambiamos ese único instante de conexión con la existencia
por la absurda prepotencia de la mente pugnando por permanecer
despierta!
Tan arraigada e impregnada en cada partícula de nuestra esencia
que le dejamos hacer de nosotros lo que quiera sin imponer el
menor atisbo de resistencia
Y nos entregamos sumisos a la ponzoña de ese monstruo abrasivo
ofreciendo nuestros universos más complejos a sus antojos más
efusivos
Convenciéndonos que nada somos si nos alejamos de sus dominios
amurallando todo lo concebido en ese chispazo en que supimos para
qué existimos
Pero la esperanza es la eterna aliada del sufriente
y en ella depositamos todos los despojos de eso que todavía siente
la poderosa angustia de la pérdida y el asfixiante dolor de
aquella sentencia
que mutila nuestros colores y todo lo que somos en potencia
Y así, desvalidos, nos limitamos a entretenernos o evadirnos
atravesados por la excitación y el pánico de todo lo que ahora
parece desconocido
y por fin nos desarropamos de siglos de autoimposición semiológica e
imperios interpretatantes y corrosivos
Postergando todo lo aprehendido para evitar el precio que sellamos
en nuestro pacto con el abismo:
nuestra integridad transmutada a esquirla de olvido en búsqueda de
aquello que siempre nos ha nutrido

No hay comentarios:
Publicar un comentario